EL OTRO CONFÍN - 1

Escrito Por: Traperos Emaus En: Sub Category 1 El: Tuesday, March 17, 2020 Comentarios: 0 Lecturas: 422

¿Cómo trabaja a distancia un librero? Esta no os la sabéis, ¿verdad?

- Profe es que eso no entraba.

Cierto. Nos estamos examinando, estos días de pandemia, de un montón de cosas que no nos entraban. Que ni siquiera estaban en los libros. Cómo cuidar, cómo trabajar, cómo conservar confinada la cordura o qué hacer por los demás cuando lo mejor que podemos darles a los demás es distancia. La prueba de mates incluye operaciones que no esperábamos: la incertidumbre repentina sobre nuestras cuentas inmediatas, sobre nuestra viabilidad económica, enturbia toda aritmética. La de Historia pregunta por lo único que la Historia no puede resolver: nuestro futuro a corto plazo. En Ciencias Sociales se nos cuestiona sobre cómo proteger a quién más desprotegido está: mayores, enfermos, excluidos. Biología nos exige un máster en epidemiología que sin embargo aún no es suficiente. Para terminar, el examen de Literatura se centra en una duda que tiene bastante que ver con la pregunta que abre este diario: ¿para qué sirven los libros mientras la sociedad hace aguas? ¿qué utilidad podemos extraer a estos viejos inventos hechos de árboles y espíritu, en días de incertidumbre y confinamiento?

No sé vosotros, yo he aprobado bastantes exámenes gracias al viejo truco del cuento -ejem- chino. Divagar cuando no te sabes la respuesta es una de las posibles definiciones de la literatura, y también una de sus fuentes. Las mil y una noches de Sherezade, por supuesto; también el Decamerón, ideado como respuesta literaria a la epidemia de peste bubónica que sacudió el norte de Italia a mediados del siglo XIV.

(El Decamerón, por Franz Xaver Winterhalter)

Por muy obvia que sea la referencia, no me voy a resistir a traerla aquí: los diez personajes de Boccaccio huyen de la civilización y se recluyen en una villa para protegerse de la epidemia. Mientras les instalan el router, para aliviar la espera sin wifi, se cuentan, unos a otros, cuentos.

Estos días se habla mucho de solidaridad, y de verdad es esperanzador comprobar cómo el ser humano viene equipado de serie con un gen generoso con tanto o más poder que el egoísta, con un instinto por el cuidado de las personas cercanas. Lo contó el otro día mucho mejor que yo Irene Vallejo en El País Semanal: Los primeros pasos de nuestra civilización fueron los de un hombre a punto de derrumbarse con un anciano a las espaldas y un niño de la mano. El texto, muy hermoso, se llama (precisamente) Épica del cuidado y hace referencia a una de las columnas maestras de nuestra civilización: la Eneida, donde el soldado derrotado que le da nombre abandona el campo de batalla para salvar a su padre y a su hijo. Más tarde fundarán Roma, que a su vez fundará todo lo demás.

                               (Eneas con su padre Anquises a cuestas, por Rafael)

Vallejo, que sabe mucho más de libros que este librero de provincias que os habla (no os perdáis su reciente El infinito en un junco), no desaprovecha ninguna oportunidad para relacionar la literatura con los cuidados, con un pensar en el otro que está imbricado a fuego en el centro mismo de nuestra identidad.

Sean los libros por tanto ese pasadizo capaz de llevarnos del confinamiento al otro confín por el que navegaba el pirata de Espronceda.

Y que en el otro confín no estemos solos.

Nos leemos, compañeros.

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